Depende del objetivo. El team building genera un impacto emocional inmediato, mejora el ambiente laboral y refuerza vínculos en poco tiempo. Es muy eficaz para romper dinámicas negativas o reforzar equipos tras cambios. La formación, por su parte, tiene un impacto más progresivo y estructural, ya que mejora competencias que afectan al rendimiento a medio y largo plazo. En empresas bien organizadas, ambos efectos se complementan y se potencian mutuamente.