No existe una única respuesta. Las empresas grandes suelen tener equipos diversos, con necesidades distintas según departamentos, niveles jerárquicos o sedes. Por eso, en muchos casos, la mejor estrategia es combinar ambos enfoques: actividades premium para eventos clave (convenciones, lanzamientos, reuniones anuales) y formatos más económicos o dinámicos para acciones recurrentes. Esta combinación permite optimizar presupuesto sin renunciar a impacto emocional en momentos estratégicos.